La segunda semana fue la gota que rebasó el vaso.
La apuesta seguía en pie y era la última semana para que Alicia pudiera ganar la apuesta.
Actuaron en silencio y sin levantar sospechas de Alejandro. Susana a pesar de ser parte de la competencia estaba más ansiosa en ver a dicha chica del vestido azul que ganar, pero para Alicia resultaba primordial ser ella quien encontrara a la persona que había cautivado a su amigo.
Porque, para ser ambas sinceras, toda aquella tontería de apuestas, romances y búsqueda de novia era bastante divertido. Incluso habían apuntado en una libreta todos los requisitos que debía tener la chica del vestido azul: debía tener alguna clase de gusto por leer, de ojos color oscuro hasta verde.
No resultaría difícil si tan solo la mitad de las mujeres de aquella escuela no cumpliera con alguno de esos requisitos. Una cuarta parte fue descartada por llevar una relación con alguien y otras cuantas más por no haber asistido a la fiesta. Lo que dejaba aquello en un total de cincuenta posibles novias para Alejandro, pero descartando el hecho de que la mayoría de ellas no llevaban la materia de Literatura ni eran parte del Club de Lectura quedó una reducida lista de posibilidades.
—Trece —leyó Susana el último número de la lista y el nombre de la posible futura novia tras una larga tarde de investigación— ¿Es una lista larga? —Alicia y Catalina tenían diferentes expresiones en su rostro. La primera lucía emocionada. Mientras que Catalina parecía de muy mal humor, sus brazos cruzados frente a ella y su pie izquierdo repiqueteando contra el suelo eran un claro síntoma de aquello.
—Esto es ridículo, ya lo escucharon. Él no quiere una novia, solo quería saber quién era ella. ¿Cómo alguien puede enamorarse en una noche? Es ridículo —dijo Cat exasperada—. Y ni siquiera sabe cómo es ella realmente.
—Tenemos tres buenas razones —dijo Alicia levantó su mano frente a Catalina y subió un dedo—. Primero, Alejandro es uno de los pocos hombres que no sale con mujeres y dice ser heterosexual. —Subió un segundo dedo—. Segundo, está entrando en una etapa muy huraña y necesitamos que vuelva a la diversión. —Por último elevó el dedo anular hasta dejar un pequeño puño en el aire—. Hay una apuesta que debe ser ganada.
—Entonces consíguele una cita.
—¿Una cita?
—Sí, ve y busca a una de esas chicas y cruza los dedos para que la cita funcione. —Alicia saltó de su lugar y abrazó a Cat por tan buena idea.
—Eres una genio, eso es perfecto —salió disparada hacia su bolso y sacó el celular.
Media hora más tarde tenía una cita preparada para Alejandro. Jazmín era la posible chica del vestido azul y todo era gracias a ella. Alicia salió corriendo de su casa y se dirigió hacia la de su vecino.
—Debe ser una broma —dijo Catalina sentándose en el suelo frente a la mesita de centro de la sala mientras que Susana veía hacia la ventana sin expresión en su rostro.
—¿Crees que sea ella?, ¿crees que él lo tome bien?
Cat miró desconcertada a la chica rubia frente a ella. Los ojos de Susana se reflejaban en el vidrio de la ventana y parecían confundidos. Catalina recordó que hubo un tiempo en que pensó en un enamoramiento por parte de Susana hacia Alejandro, pero había desechado esa idea cada vez que la escuchó hablarle de los otros chicos que le gustaban, pero ahí estaba de nuevo la duda.
—No creo que exista esa chica —dijo Cat, intentando tranquilizarla— de haber existido ya habría aparecido.
—O tal vez es alguien que él jamás habría considerado, ¿no lo has pensado?
—¿Cómo?
—Conozco a Jazmín, no es ella. Alicia estará muerta cuando Alejandro se entere lo que trama.
—Es justo lo que pienso.
—Lo hará tener trece citas hasta que la encuentre.
—¿Por qué pareces tan preocupada por eso?
¿Susana sentía algo por él? Cat la miró entrecerrando los ojos, aunque si ese fuera el asunto no tendría ningún sentido que Susana se mantuviera en esta búsqueda de novia para él.
—¿Acaso no conoces a Jazmín? ¿Qué pasaría si resulta ser ella? O si termina por simplemente gustarle a Alex. Esa chica es insoportable.
—Creo que él te quiere lo suficiente como para aceptar que no te guste su muy improbable futura novia.
—Supongo que es cierto… a propósito, no te lo he dicho antes porque no ha venido al punto pero hablando de insoportable, ¿qué sucede contigo y Alex? Él no para de decir lo mucho que lo ignoras, hasta pareciera que te extraña.
—¿Se ha dado cuenta? —estaba sorprendida aunque viniendo de Susana, tal vez solo estaba exagerando la información.
—¿Lo haces apropósito? Ali comentó algo así, pero no creí que fuera cierto.
—Bueno… él siempre ha sido amigo de ambas y siempre me ha ignorado, creo que es justo ser ignorado por una vez.
—¿Estas intentando hacer que se fije en ti? —preguntó Susana con los ojos abiertos y la boca entreabierta por la sorpresa—. ¿Te gusta?
—¡¿Qué?! ¡No! Por supuesto que no.
—¿Qué hiciste el día de la fiesta, Cat?
—¿De verdad? ¿A eso te ha llevado todo esto? ¿Crees que soy ella? Por favor, Su… — Susana sin embargo mantuvo su rostro impasible y sin ser capaz de pensar en otra cosa más que en aquella descabellada idea— Estuve en casa, pregúntale a mis padres.
—¿No habías estado estudiando?
—Sí, y luego volví a casa. A mí ni siquiera me gustan las fiestas —le recordó.
La rubia iba a decir algo cuando Alicia volvió de casa de su vecino gritando.
—¡Lo conseguí! Jazmín aceptó salir con Alex.
—¿Aceptó que es ella? —preguntó Cat.
—Sí, dice que ella es.
—Todo mundo dice eso —dijo Susana sin despegar sus ojos de Catalina.
—Asombroso… ¿y cuándo será la cita? —preguntó Cat.
—Hoy.
—¿Hoy?
—Así es.
—¿Y qué dijo Alex? ¿Estuvo de acuerdo? —preguntó Susana.
—Él irá a ayudar a Jazmín a estudiar matemáticas, no tiene que enterarse de nada, simplemente se dará. ¿Vemos una película?
Así que ellos tendrían una cita y si Jazmín era la chica del vestido azul, no había necesidad de buscar entre el resto de candidatas sobrantes. Aunque aquel par de semanas todo mundo parecía querer ser la chica del vestido azul, menos la verdadera.
Dos horas más tarde Alejandro salió corriendo de la casa de una mujer, ¿Quién lo creería? ¿Él escapando de una chica? Se subió al automóvil y no fue hasta que se encontró lejos de la casa de Jazmin que pudo pensar en lo ocurrido.
Alicia le había rogado en la puerta de su casa que fuese a dar asesorías a casa de una amiga, que era un pequeño favor a cambio de una tarea complicada de Historia, él había aceptado, por supuesto. ¿Cómo negarse a ella cuando se ponía a insistir de esa manera? Y por supuesto que ella sabía de sus encantos, Alejandro estaba seguro que ella sabía que la había amado en secreto el primer año en que se mudó y parecía que aún causaba ciertos efectos sobre él, y ella lo sabía, por supuesto.
De haberlo considerado dos veces jamás habría salido en su ayuda, no se habría movido ni un centímetro de su habitación y ahora no se encontraría escapando de ella. ¿Qué carajos le sucedía?
Pero fue, incluso ella le llamó a su teléfono para confirmar la hora de su llegada y darle su dirección, la casa estaba sola y Jazmín le pidió que pasara a su habitación, era más cómoda, más silenciosa, aunque ya había un silencio reinante ahí y como ellos se encontraban ahí para estudiar resultaba lógico porque seguramente todos sus libros estaban en su recámara.
Apenas se había instalado en la cama con los apuntes de ella, cuando lo asaltó.
—Todo eso de la recompensa por encontrarme ha sido muy lindo de tu parte.
Dejó de escribir formulas en el cuaderno de ella para repetir en su cabeza lo que acababa de decir, levantó la mirada hacia ella: le sonreía con picardía.
—¿Disculpa?
—¿No me reconoces? La fiesta de la noche del viernes, era yo.
Jazmín era una joven atractiva, pero ya había compartido clases en el pasado con ella para saber que no brillaba precisamente por ser muy inteligente.
—No tiene gracia.
—¿Por qué no puedo ser ella? —preguntó con tono demandante mientras alzaba una ceja.
—¿Lo eres?
—Por una pequeña cantidad de dinero puedo ser quien quieras.
Y diciendo eso se le lanzó encima, Alejandro esquivó su cuerpo y se detuvo al lado de la cama.
—¿Cuánto dinero hay en juego?
—Han duplicado la recompensa. ¿Acaso importa?
Han. No había duda de quienes estaban detrás de tal conjugación. Jazmín volvió a intentar ir tras él y a él no le quedó otra opción que salir corriendo de ahí.
Detuvo el vehículo al lado del camino mientras apretaba el volante. ¿Qué había sido todo eso? No podía culpar a Jazmín, en el instituto se corrían rumores respecto a su adicción por lo que no le sorprendió que por cualquier suma de dinero ella aceptara tener sexo con él o con quien fuera, quizás ni siquiera necesitaba de una recompensa duplicada, con que pagara los gramos suficientes para mantenerse volando aquella noche.
Sintió ante todo la traición de Alicia y Susana. En el fondo podía aceptar que le habría gustado incluso que Jazmín fuera la chica del vestido azul, le habría gustado que fuera cualquiera, una semana atrás así habría sido. Aquella mañana después de la fiesta había salido esperanzado de tener una respuesta, un nombre, una dirección, lo que fuera. Por eso no había considerado las consecuencias de abrir sus sentimientos y contarles todo.
Pero entendió que tras tantos días sin encontrar a la chica del vestido azul real, la había perdido, aunque posiblemente la había perdido antes, cuando se despidieron esa madrugada y él no pudo descubrir cuál era el nombre detrás de aquel bonito antifaz. Quizás incluso la había perdido desde el momento en que se encontraron por casualidad en esa fiesta.

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